
Me han propuesto hablar de los ruidos que nos persiguen. La verdad es que hay diversidad de clases de ruidos. Están los ruidos reales que escuchamos por todas partes y no nos dejan vivir. El perro del vecino, lobo, no deja de ladrar cada vez que la otra vecina pasa por allí a chismear de los últimos acontecimientos en la calle. Está el ruido del teléfono móvil de aquel amigo que llama a todas horas porque no hace nada y está aburrido, a veces quisieras rastrillarlo contra el piso. Pero el más temible de todos los ruidos, es el del coquí, cada vez que llueve. Aunque para algunos es una melodía para mí es un ruido infernal que no me deja dormir ni me da paz durante la noche. A veces salgo a las tres de la madrugada al dialogar con estas maravillosas criaturas, a convérsenlas, así sea con una escoba, que dejen de cantar. El ruido es relativo, lo que para mi puede ser un ruido espantoso, como el cantar del coquí, para otros es pura gloria.
