los días de tequila

La llegada al aeropuerto de Barajas aquella mañana del verano del noventa y tres fue totalmente despampanante. Aún  Mariana recuerda ese día como si solo hubiese  pasado hace unos instantes.  A sus diecinueve años y algo tímida había llegado a pasar un año completo en Toledo con la excusa de estudiar política europea, pero la verdad es que deseaba conocer y vivir el mundo.    Durante su estancia en España hubo cientos de noches de juerga, días de paseos y  viajes  con los nuevos amigos que allí encontró y que sin lugar a duda durarían toda una vida.   

Pero también la dulce Mariana conoció por primera vez  la ardiente tequila.  El grupo de amigos salían a rumbear todas las noches por las calles de Zocodover y Mariana era la encargada de los tequilas “shots”.  Un poco de sal, tequila y finalmente, el complicado limón iniciaban la alegre velada.  Aquellos días de tequila, baile y viajes se convirtieron en el año más memorable de su vida.  Súbitamente, luego de más de cien veranos, junto a un nuevo amigo que ya lo era, Mariana, se reencontró con el tequila.  El tequila había cambiado.  Era un tequila más sofisticado, preciso y  abrasador.  Al añadir solo un poco de tequila a la ecuación la magia se redoblo.  Mariana entonces se pregunto  si los días de tequila habían vuelto y si se aproximaba un nuevo año, como el noventa y tres, lleno de alegría, risas y encanto.  Por ahora, está en su balcón bebiendo un café con leche con un poco de “whip cream”.