chichos

Me han propuesto hablar de los chichos, esos rollitos de grasas que todos tenemos, salvo las mujeres y hombres que aparecen en las revistas, que parecen ser perfectos.  En nuestro país nos hemos ocupado demasiado por la apariencia física. Y se miran los chichos de forma fea y despectiva. Aquella mujer que tiene chicho es gorda, fea y no vale la pena ni mirarla.  Así es que he escuchado algunos amigos hombres referirse a ciertas personas.  Sin embargo, en otras partes del mundo, como por ejemplo la India,  mientras más chichos tiene una mujer más importante es su posición en la sociedad. Claro, eso significa para la sociedad hindú que es madre, abuela y que se ha esforzado por llevar una familia hacia adelante.  Los chichos al igual que tantas otras cosas dependen con los ojos que se vean.  En occidente, damos demasiada importancia a la apariencia física sin dar importancia a los sentimientos, valores y actitudes positivas que esa persona pueda poseer. ¡Que triste vivir de las apariencias!

Las historias de Mariana: “no tengo tema”

Después de un largo día de gestiones en oficina de gobierno, tiendas de aparatos móviles que nunca tienen solución, y las interminables filas de los banco, Mariana iba muy tranquila en su carro deportivo con todos los “powers” por  el expreso Luis A. Ferrer. Como siempre iba escuchando la rumbita de Melendi y  alta velocidad.  De momento, la música se detiene, debido al sistema sofistica de bluetooth que lleva su auto,  y suena el teléfono. Ah era el chico aquel que alguna vez le fue interesante, y a que ahora le comenzaba hacer indiferente por su indiferencia.

Hola ¿Cómo estas? – respondió Mariana.

Bien y tu. Llamaba para decirte que te envié los papeles que quedamos para  que revisara. – contesto el chico, haciendo una pausa para colgar el teléfono.

¿Pero, ya vas a colgarme? No tenemos nada más que hablar. – afirmo Mariana.

No tengo tema – contestó parcamente el chico.

Mariana, que iba contenta escuchando a Melendi cantar acerca de la aventuras de un violinista en un tejado,  quedo en una pieza.   Como era posible que alguien llamara y no tuviera tema.  ¿Para que entonces alguien llama por teléfono si no es para hablar?   Mariana colgó el teléfono sin mediar palabras.   Fue como recibir otro torrente de agua fria.  Ya las canciones de Melendi no le hacían cosquillas.

me encanta

demasiado tiempo

Llevos días enferma. Hoy estuve todo el dia haciendo nada. Demasiado tiempo en YouTube. Demasiado tiempo en aljazera. Demasidado tiempo haciendo que hago. Haciendo realmente nada. Pensando. Tantiando los recuerdos.  Demasiado tiempo para perder. Demasiado tiempo para regalar, sin tener a quien.

el platillo volador

Hace unas cuantas noches soñé que estaba en platillo volador. Desde su ventana podía ver todos toda aquella gente que alguna vez conocí y los lugares que había visitado.   Enfoque mi vista en aquel chico que una vez conocí, aquel que me tióo tantos baldes de agua a mi cara, con sus frías y secas palabras, un buen un día solamente decidí olvidarlo.   El platillo volador luego me trasportó a la fiesta aquella que nunca fui invitada, efectivamente, pude comprar que quien toco en aquella histórica fiesta, fueron los Kenton.

alcohol

Caminando por aquellas milenarias veredas en la ciudad de Jerash en Jordania me resbalé.   Se me abrió el pantalón que llevaba, uno de mis favoritos de color marón con adornos brillantes, y se abrió una tremenda herida en la rodilla de mis pies izquierda.   Una vieja argentina que estaba cerca vino a mi rescate. Sin embargo, esta me abrió mas la herida y sin mediar palabras me hecho alcohol.  Aún siento el dolor… grité como nunca.

la boina

Hace algunos años, encontré de manera sorpresivo un libro viejísimo de Ernesto Che Guevarra.  Era un  puestito  de ventas de libros en las Ramblas.  En la mágica ciudad de Barcelona.  El puesto era atendido por un señor muy anciano ya sin dietes, ni cabello, y vestía un traje gris muy desgastado.  El libro contenía cartas de Ernesto Guevara a sus hijos, esposa y algunas a Fidel Castro.  Parecían ser originales. Originales o no, me lo llevé.  Aquella noche fría leí todo el libro sin parar. Quede enamorada de Ernesto, sus ideales y su boina.  Desde entonces he surcado cada recoveco en busca de esa boina y no la encuentro… ¿sabes dónde pueda encontrarla?

sus besos

le hable con mis ojos desde lejos

su vida, mi vida eran normal

el mar nos revolvió

las ganas de saborear la vida

con leche, azúcar y “whip cream”

 

la razón se moldío con

aquellos primeros besos de caramelo

aquella mañana

después de conocer su piel

 

le escribi algunas cosas

se las envie a su corazón

se las envie a sus sueños

se los mande con su almohada

al parecer  no les han llegado

 

broto en torrente

el miedo

las ganas de sentir

sus besos

me supieron

aún me saben

a ron y miel

por amarte tanto

la cheerleader

Rodrigo estaba en la sala VIP de aquel juego de football cuando vio pasar aquella despampanante cheerleader.  Era alta, esbelta, una sonrisa de ángel, una cabellera larguísima y unas piernas que llegaban hasta el cielo.  Rodrigo quedó complemente inmovilizado.  Sin embargo, tuvo las fuerzas para pararse e ir donde aquella “super mujer” , sonreírle y darle un simple “hola”.  La cheerleader  le sonrió muy coquetamente, se sirvió un vaso de coca cola y le dijo: “nos vemos más tarde”.    Roberto ya no pudo concentrarse más en el juego.  Solo tenían un su mente la cheerleader y su posible encuentro.     Tres horas después la cheerlader apareció.   Roberto, se levanto de su silla, y sin mediar palabras los dos se unieron en un beso explosivo y fulminante.  Ya después tuve que partir  y no supe que pasó.

« Entradas más antiguas Entradas más recientes »