la desconsideración

Hoy día la gente es demasiado desconsiderada.  Te echan el humo del cigarrillo en la cara,  sin importarle.  Hacen cortes de pastelillos en la carretera como si fueran los dueños de la panadería. Hablan a tu lado por el famoso celular como si tuvieran un altoparlante en la boca.  Se cuelan en la fila del supermercado como si uno fuera ciego.  Algunas madres van con los coches de los niños por los centros comerciales como si fuera Indianápolis 500. Ya he recibido varios cantazos.  Otros están todos los sábados con la radio a todo volumen, tienen el disco rayado.  No puede faltar el vecino que corta la grama todos los domingos por la mañana, sin inmutarse.  Están los que siempre invitan a salir y nunca tienen chavos para pagar.  Una clase singular son aquellos que llaman por teléfono una y otra vez, en algunos casos, decenas de veces, si uno no contestas.  Todo parece indicar que existe un pánico gigantesco  a ser considerados con el prójimo, a ser chéveres, atentos, cortes, y amigable no importa con quien.   Muchas veces llegan a mi mente pensamientos sobre este tema. Y me pregunto: ¿Seré yo la que está mal?  Por exigir que volvamos a ser como una vez fuimos, chéveres.

1 comentario

  1. Nancy dijo:

    Septiembre 15, 2008 a 2:28 am

    ¡Indianápolis 500! Eso es en cualquier centro comercial…¿por qué se desprecia la consideración?


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