aquel sofrito

Ya sé que no volverás  y mis planes eran quedarme.  Aquella ciudad colonial, con sus adoquines, sus colores pasteles añejos, sus hermosos y floridos balcones  y su historia me alegraron un día.    Pero muy pronto  todo cambiara en aquella vieja ciudad que un día me ilusionó.   

La ciudad se llenó de olores tóxicos, deprimentes y molestos.  Al caminar por sus antiguas y diminutas calles parecía que te quedabas sin respiración y tus pensamientos  quedaban aturdidos.   En cualquier momento podías darte un tropezón antes la inmensa cantidad de latas de botellas, papeles y basura general.   Sus habitantes olvidaron la amabilidad, generosidad y simpatía que las caracterizaba.  Su gobernante se convirtió en un hombre prepotente y arrogante que solo pensaba en si mismo y la manera de seguir enriqueciéndose.  Dejo a un lado las necesidades de aquellos habitantes y hasta los gatos que merodeaban y eran huérfanos de la ciudad comenzaron a emigrar a otras partes más lejanas de aquella ciudad.  Al parecer  aquel sofrito isleño, repleto de especies raras y hasta lleno de caldos mal intencionados, que un día apareció en todos los rincones de la ciudad, y que se comenta que fue aquel gobernante que lo distribuóo, tuvo un efecto irremediable y sombrío para la ciudad y su gente.  

Mis planes eran quedarme, pero la ciudad que un día conocí ya no volverá.

 

1 comentario

  1. Nancy dijo:

    Septiembre 2, 2008 a 2:28 am

    ¡Esto está GENIAL! Por eso, tuvieron que irse a Cupey…Pero sigue siendo parte del gobernante prepotente (impotente). ¿Qué hay después de Cupey?


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