acuarelas

mis más recientes acuarelas

 

mi canción favorita

“No somos pequeños, es que estamos de rodillas” — Pedro Albizu Campos

Hoy han traído a mi recuerdo esta canción.

el centro de todo

La gente piensa que Plaza las Américas es el centro del universo. Algunas personas realmente viven allí.   La verdad es se puede ver todo tipo de espécimen boricua.  Iniciamos con los artistas del patio que van allí con gafas oscuras y pañuelos alrededor de la cabeza como si la gente estuviera detrás de ellos pidiendo su autógrafo. En esa actitud he visto a Miraida Chaves y a Rubén Sanchez en Sears.   Luego están las mujeres que llegan en “dubi dubi” y rolos.  Hace años llegó esta práctica a Plaza que antes solo se veía en otros centros comerciales.  El “dubi  dubi” y los rolos son para estar bellas porque salir como si fueran extraterrestre a la calle.  Están las personas de la tercera edad, o sea los viejitos, que se sientan a observar y criticar todo el que pase. ¡Ay virgen!, mi gran amiga y yo nos sentamos y criticamos todo el tiempo, desde hace más de quince años, será que siempre hemos sido viejas de corazón.  Están los adolecentes vestidos de negro que se llevan al mundo de frente si se les deja.   No pueden faltar las mujeres que dicen que son de la “alta sociedad”, que se ponen todas sus galas para ir a un centro comercial y luego se pelean por la último juego de sábanas en especial de la tienda Macys.  ¡Esto  es macondo!

las parchas

A mí me gustan los cítricos más que ninguna otra clase de fruta.  Mi preferido, por supuesto, es el complicado limón, pero me ilusiona la parcha. Desde chiquitita me encantaba abrí la parcha en dos partes y chupármela completitas con pepitas y todo.  Hace algunas semanas fue a visitar a un amigo, en camino a su casa, entre al supermercado y me tope con la exquisita parcha. Compré dos pensando que me las comería en el sofá color marrón de mi amigo mientras veíamos televisión.  Pero al llegar, se me olvidaron las parchas… deben estar aún en su nevera.

la desconsideración

Hoy día la gente es demasiado desconsiderada.  Te echan el humo del cigarrillo en la cara,  sin importarle.  Hacen cortes de pastelillos en la carretera como si fueran los dueños de la panadería. Hablan a tu lado por el famoso celular como si tuvieran un altoparlante en la boca.  Se cuelan en la fila del supermercado como si uno fuera ciego.  Algunas madres van con los coches de los niños por los centros comerciales como si fuera Indianápolis 500. Ya he recibido varios cantazos.  Otros están todos los sábados con la radio a todo volumen, tienen el disco rayado.  No puede faltar el vecino que corta la grama todos los domingos por la mañana, sin inmutarse.  Están los que siempre invitan a salir y nunca tienen chavos para pagar.  Una clase singular son aquellos que llaman por teléfono una y otra vez, en algunos casos, decenas de veces, si uno no contestas.  Todo parece indicar que existe un pánico gigantesco  a ser considerados con el prójimo, a ser chéveres, atentos, cortes, y amigable no importa con quien.   Muchas veces llegan a mi mente pensamientos sobre este tema. Y me pregunto: ¿Seré yo la que está mal?  Por exigir que volvamos a ser como una vez fuimos, chéveres.

sustos que ocurren

Hace tiempo que no me llevo un susto

De esos sustos que nos dejan con las manos temblando

De esos sustos que nos dejan sin respiración

De esos sustos que nos dejan sin palabras

De esos sustos que nos hacen llorar

Las cosas van bien

Ya presiento que podría venir uno de esos sustos.

sorpresa

 

Hoy recibí una sorpresa

no eras tú

tú, en vivo y a color

no era tu sincera sonrisa

no era tu buena voluntad

no eran tus infinitas “gracias”

no era tu calorcito

 

Hoy recibí una sorpresa

no eras tú

pero era tu presencia

eran tus deseos

eran tus pensamientos

en forma

de un bizcochito de flores.

cumpleaños

Hoy fue mi cumpleaños.  Durante toda la semana estuve celebrando en persona o a distancia con los verdaderos amigos que tengo.  Realmente ha sido uno de los mejores. No me puedo quejar.  Soy más vieja pero más guapa.  Soy más vieja pero sabia. Creo que estoy más añeja que nunca pero con extraordinarias personas a mi lado. ¡Y eso vale!

chichos

Me han propuesto hablar de los chichos, esos rollitos de grasas que todos tenemos, salvo las mujeres y hombres que aparecen en las revistas, que parecen ser perfectos.  En nuestro país nos hemos ocupado demasiado por la apariencia física. Y se miran los chichos de forma fea y despectiva. Aquella mujer que tiene chicho es gorda, fea y no vale la pena ni mirarla.  Así es que he escuchado algunos amigos hombres referirse a ciertas personas.  Sin embargo, en otras partes del mundo, como por ejemplo la India,  mientras más chichos tiene una mujer más importante es su posición en la sociedad. Claro, eso significa para la sociedad hindú que es madre, abuela y que se ha esforzado por llevar una familia hacia adelante.  Los chichos al igual que tantas otras cosas dependen con los ojos que se vean.  En occidente, damos demasiada importancia a la apariencia física sin dar importancia a los sentimientos, valores y actitudes positivas que esa persona pueda poseer. ¡Que triste vivir de las apariencias!

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